Otros 5 pasos para ordenar tu casa en un día
1. Tira cosméticos inservibles
Que levante la mano la que no acumule hidratantes que no usa porque son aceitosas, huelen mal o sacan granos. Si es así, tiralas. No la vas a usar y lo sabes. Lo mismo con ese perfume horrible que te regaló tu suegra, la barra de labios fucsia que compraste porque aquella revista decía que era lo más en Buenos Aires o esa anticelulítica que no has usado nunca. Chequea las fechas de caducidad. Si no lo pone, ten en cuenta que los cosméticos suelen expirar entre 12 y 18 meses después de su apertura.
Aprovecha para limpiar el armario. Te sorprenderá la cantidad de limas y cachivaches que vas a encontrar. Puede que hasta recuperes las pinzas de depilar que perdiste hace dos años. Repite la operación con el baño. Deja solo los productos de uso diario y guarda en un lugar cercano, pero separado, la mascarilla del pelo, la exfoliante. Finalmente, mete mano al botiquín. Y a las toallas. ¿Acumulas un montón, algunas bastante gastadas y de color incierto? Metelas en una bolsa y al contenedor de tejidos. ¿Sabías que esas fibras pueden servir para crear nuevos tejidos o para forro de los asientos de los coches?
2. Tu armario es tu altar
Nada al respecto que no haya dicho ya la gurú del orden Marie Kondo. Deshazte de la ropa que no usas, la que se ha pasado de moda (sí, todo vuelve pero no siempre igual) y la que no te vale (si ese pantalón te aprieta pero llevas dos años con la misma talla, tíralo sin dolor de corazón). Una vez que solo queden las que crees que vas a ponerte, ordenalas por colores y tamaños. Separá las de invierno y verano y mete las que no vayas a usar en unos meses en una bolsa de almacenaje al vacío (de esas que sacas el aire con la aspiradora). ¿Haces mucho deporte? Ponete en la lista de cosas por hacer ‘lavar los championes deportivos’. Ocuparán lo mismo, pero el armario no olerá horrible. De paso, cuelga bolsitas de lavanda. Un ropero organizado y con olor a limpio siempre es inspirador.

3. ¿Qué hay bajo la cama?
De niños tememos que haya un monstruo bajo la cama. ¿Eres de los que almacena cajas de zapatos, maletas, el banco de abdominales bajo el somier? ¡Nunca más! Retira todo eso, guardalo en su sitio y tira todo lo que no uses. Ahora limpia a conciencia. Tal vez no quepa un asesino, pero para las cucarachas eso es un hotel de cinco estrellas. Una vez despejado, no vuelvas a llenarlo de cachivaches. Mejor un monstruo que cucarachas.
4. La silla acumuladora
Solemos tener una silla para desvestirnos con comodidad. ¿Y luego, qué? ¿Eres del que deja la ropa del día despanzurrada en la silla? ¿Tiras sobre ese montón el pijama? Es hora de recogerlo: la ropa reutilizable, al armario. La sucia, a la lavadora. Recuerda: reutilizar implica doblar o colgar, no crear una nueva torre de ropa dentro del armario. Si está arrugada, no te la pondrás. Incluso puede que la pierdas de vista. Una vez eliminado el caos de la silla, aplica tus dotes de orden a la mesilla de noche.
5. ¿Dónde está el control de la tele?
Parece mentira la facilidad con la que desaparecen los controles, ¿verdad? Sucede por no tener un espacio (una caja, un organizador…) donde guardarlos todos juntos. Deja ahí el de la tele, el del decodificador, el del aire acondicionado… ¿Te acurrucaste anoche en el sofá con una mantita que hoy aparece tirada? Dobla y deja sobre uno de los brazos del sofá. O habilita un cesto bonito para las sábanas (dobladas en forma de cilindro). ¿Hay cargadores por todas partes? Acostumbrate a meterlos en una caja.
Queda la parte más dura: libros, revistas y material audiovisual. Empieza por las revistas. ¿Realmente las consultas? Si es que no, dónalas. Ahora organiza libros, vídeos y demás por orden alfabético, temático o emocional. Guardar el Quijote junto a los libros de gastronomía y los dvds de Juego de Tronos no es muy práctico. ¿Vas a reutilizar los libros del embarazo? ¿Aún conservas un manual de usuario de Windows? ¿Un catálogo de la Expo 92? Ya sabes: al contendor de papel o a donar.
Queda echar un vistazo a las plantas de interior. ¿El cactus agoniza? ¿Guardas la flor de Pascua de la pasada Navidad, que hoy es solo un palo con tres hojas tristes? No desesperes: no todo el mundo tiene mano con las plantas. Tíralas y pásate a las artificiales. Ahora hay igualitas a las de verdad. Relucientes, lavables y no se marchitan.
